BlackCarpet.- Definitivamente, los eventos sociales cascarudos tienen una ventaja sobre los futbolísticos. No terminan en derrota.

 

Con ese aliciente me presenté en el Cirilo Bar, Spa & Resort de Junín, donde se celebraba la gala cascaruda de carnaval. Arrancaba temprano. Eran las 17 hs.,  Momo dormía la siesta pero ya estaba la blackcarpet (a tono con el color de la casaca cascaruda, combinada con un césped verde) que daba acceso a un reducto con reminiscencias de All inclusive caribeño.

 

Abundante vegetación, espeto corrido y alberca con aguas turquesas, por ahora sin presencia de borrachos desmoronados en sus escalinatas.

Apenas me instalo, bajo una incipiente llovízna, advierto que Titi ya bajó dos kilos haciendo el fuego de lo que sería una especie de maratón de las parrilladas. Quedaban 10 horas por delante de despachar carne al asador.

Si algo se parecía al fútbol cascarudo era  la confusión. Por el andarivel derecho te llegaba un mate amargo con una torta negra, al mismo tiempo que por el otro perfil te arrimaban una Quilmes Imperial helada. “Con razón hicieron el baño tan cerca” me digo, al tiempo que ensayaba con prudencia la incorporación simultánea de tan disímiles materiales.

 

A eso de las 18,30 hs., como para precalentar maxilares, salió vuelta de choripán. Todavía Febo no se retiraba y apareció el primer tinto. Lo que se dice una modalidad “2001 Odisea del Espacio”: un ir y venir continuo entre el pasado y el futuro, con alguna medialuna remanente de otro tiempo, como si fuera el hueso arrojado al espacio por el cavernícola en el citado film. En esta comparación, los choripanes serían la nave Discovery que nos conduce hacia un futuro inmediato gobernado por el asado a la parrilla, que sería HAL 9000.

 

Siguen arribando figuras a la blackcarpet y el ambiente se caldea por la parrilla que toma temperatura,  mientras los asistentes preguntan cada vez con más insistencia: “Cuando llega? Es verdad que el Gaspo lo está paseando por Junín antes de presentarlo acá?”.

 

Exactamente a las 20,45 hs. con una puntualidad digna de la entrega de los Oscar, en medio de una lluvia de papelitos  y la aclamación del público rayana en el delirio, el Gaspo ingresa a lo largo de la blackcarpet llevándolo en andas por sobre su cabeza. Me costaba verlo por el agolpamiento de la multitud a su paso.

 

Cada dos metros se detiene y   lo menea al compás de los cantitos: “no es del Farra/no es de Agustín Roca/es del pueblo cascarudo/el trofeo no se toca”; “Oleee, oleee, olaaa, chanchaaaa, chanchaaa”. Pensé que se trataba de un ex CUJ que regresaba para ser homenajeado, aunque el apodo no me sonaba. “Tal vez invitaron a la Chancha Rinaldi” pensé. 

 

Hasta que lo descubro. El Gaspo deposita en el tablón listo para recibirlo a la estrella de la noche: el lechón de 12 kilos adobado, calentito y crujiente, directamente desde la panadería que no es la del amigo de Ricky (que quedó pagando con el horno prendido). Allí lo aguarda Coco con su kit de bisturíes y una caja de vino toro donde contrabandea distintas variedades de chimichurri, para su desguace y distribución a los comensales.

 

 En ese momento, termino de comprender la parábola “2001”: el lechón es el monolito. Cascarudos y Stoppers lo entornan silenciosamente en señal de adoración, mientras se disputan a los codazos y gruñidos la proximidad a la bandeja. Desde los parlantes, suena “Así hablo Zarathustra. R. Strauss - (2001, Una odisea en el espacio). “Y si, estos son de ciencia ficción”, pensé mientras recibía el primer plato con una costilla y completaba el llenado de una copita de vino.

 

Cumplida la fase porcina, larga una primera ronda danzante-digestiva, con títulos contemporáneos. Fue solo el principio. A partir de ahí, se sucedería la alternancia pista-asado hasta muy avanzada la madrugada. La calidad artística y la gastronómica estuvieron por las nubes (para seguir la metáfora gastrocinematográfica), como una competencia implacable por superarse recíprocamente. Y eso que Elegar, en resguardo de su patrimonio, no había dejado a mano la llave del Montecarlo ni su valija mágica para musicalizar.

 

A un vacío calidad XXX Titi le seguía la comedia musical “Tributo a Sergio Denis. El único tributo que paga Ricky”, interpretada por Quevedo en fase Gene Kelly/Flavio Mendoza, coreografiado por 5 Stoppers salidas de una presentación de Franklin (Aretha Franklin, no la publicidad del termómetro).

 

Pasada la medianoche, irrumpe una comparsa con disfraces destinados a la inmortalidad. Los documentos fotográficos muestran imágenes no aptas para gente impresionable. A esa altura, ya no se sabe dónde empiezan la parrilla y la pista.

 

Veo gente ataviada de Nerón blandiendo un tenedor con una costilla, que no sabe si seguir el ritmo del “Bombón asesino” o sentarse a morfar. Al mismo tiempo, advierto que el Zorro es quien ahora quedó a cargo de la parrilla, y que la capa le queda 3 números más chica.

Siguen las sorpresas. El Pirata Morgan se despacha una etiqueta roja, al mismo tiempo que una brigada de Stoppers ataca a los presentes con metralletas de agua y 5 kilos de harina arrojados sucesivamente sobre la concurrencia. En un rincón, el Tero se mantiene absorto en su soliloquio únicamente escuchado por el Zorro, que le convida una granadina pura para que pueda seguir hablando.

 

El remate llega con una torta impresionante que deja groggy de felicidad al público. El HDV oscila con extraña serenidad en un sillón, Coqui deja caer algunas lágrimas interpretando “Piel Morena” a dúo con Ricardo en homenaje a Don Horacio, que se nos fue. Todo ante la desconcertada mirada del Guti y el Farra. Por las continuas interrupciones por olvido de la letra, el Gaspo estalla como si le hubieran tirado mal un corner: “Para que cantan si no la saben, viejo”.

 

Y la función va terminando. Como se terminó la bebida, el lechón, casi el asado, el postre. Todo. El cascarudo no te deja ni para el mate del día siguiente. La llovizna  persiste, las luces se apagan, una brillante edición auspiciada por “Cirilo Investments. Encomiéndenos su futuro” finaliza.

Podemos decir que el CUJ dejó todo en la cancha.

 

Aristides Alcón, desde “Cirilo Bar, Spa & Resort”. Tu nuevo destino en calle SARMIENTO (nada es casualidad.)

Abrazo cascarudo para todos.