Los Cascarudos del CUJ (Centro Universitario de Junín) son el resultado de una lamentable coincidencia. Lo de coincidencia, se entenderá en los próximos párrafos. Lo de lamentable corre por cuenta de buena parte del público que ha presenciado sus actuaciones futbolísticas, pero sabemos que la envidia es la cicuta que emponzoña los corazones resentidos de adversarios derrotados.

 

En 1985 la Liga Intercentros de Deportes de La Plata (LID)  volvió a organizar su campeonato de fútbol. La ciudad de Junín, perla del noroeste de la provincia de Buenos Aires, cuna de campeones, veía peligrar su participación. Pese a la numerosa colectividad estudiantil juninense en La Plata, no había equipo.

 

Nadie sabe en el pasillo de qué facultad, de qué edificio, de qué centro de estudiantes, o quizá en todos esos lugares al mismo tiempo, se generó la versión de una convocatoria a un ruinoso departamento de calle 48, para evitar la deshonra que significaba para el deporte de esa ciudad no tener representación en semejante evento.

 

Así fue como, cierta noche de marzo de aquel año, ante la sorpresa de los ocupantes del departamento, que no habían sido convocados pero participaron de todas maneras porque se negaron rotundamente a abandonar el lugar en resguardo de sus pertenencias personales, se celebró la reunión fundacional de lo que hoy, 30 años después, siguen siendo los CASCARUDOS DEL CUJ. 

 

Aquella sesión histórica, especie de Asamblea del año XIII cascaruda, ya evidenció las notas distintivas del futuro plantel. Por ejemplo, muchos no se conocían entre sí ni personalmente ni futbolísticamente. Hoy tampoco.

 

Las carencias eran muchas. Por empezar, no había luz cuando se dio por iniciada formalmente la sesión, todo un símbolo de lo que vendría después. Tampoco había camisetas, dato este último determinante para lo que luego resultaría el rasgo definitorio de aquel, visto a la distancia, simpático conglomerado.

 

Porque la ausencia de una divisa fue lo que marcó el comienzo de la historia. Y también mostró otra condición permanente del plantel: la austeridad. En efecto, nadie se mostró dispuesto a invertir recursos escasos en un juego de camisetas que habrían de usar tipos que se habían conocido esa misma noche. Por lo tanto, la decisión fue, para decirlo elegantemente, recurrir a la figura del préstamo gratuito o comodato por parte de alguna entidad.

 

Ignoraban los cascarudos que ya en ese momento, apelaban a una figura que luego se consolidaría en su trayectoria a medida que ganaban notoriedad: los sponsors.

 

Fue así como el único integrante inicial del plantel de carácter extraterritorial (porque era de Mercedes, pcia. de Buenos Aires), negoció su incorporación a cambio del aporte de un juego de camisas con botones que habían sido utilizadas por última vez en su ciudad natal en la década de 1.940. Podríamos decir que fue, también, la muestra incipiente de otro rasgo comercial típicamente cascarudo: el canje o PNT (publicidad no tradicional).

 

Las camisas tenían el hoy inconfundible fondo negro con dos bastones verticales verde esmeralda, uno a cada lado de la fila de botones; cuello y puños con botones del mismo verde. Nada se parecía más a un cascarudo que aquella inolvidable prenda original.

 

No es cierto que la escualidez textil de los integrantes del plantel para salidas de carácter social hiciera que repetidamente hayan usado la camisa para presentarse en los boliches platenses de los años 80. Tampoco lo es que alguno la haya lucido con gemelos en la ceremonia de recepción de su diploma de graduado en alguna facultad. Son otras de las tantas infamias que trae el éxito.

 

Lo que sí es verdad es que la escuadra cascaruda debutó en la LID con un Subcampeonato, que disputó no menos de cinco temporadas consecutivas, en las cuales nunca bajó del 5° puesto entre 60 equipos y que concluyó sus participaciones en 1989 con otro Subcampeonato.  La sucesiva graduación de sus integrantes y la diáspora   hacia los destinos que la vida profesional le deparó a cada uno puso fin a aquel ciclo.

 

Durante ese tiempo, el equipo regó con su sangre todos los escenarios: desde el Nacional hasta Villa Argüello; desde el Estadio Provincial hasta el San Luis; desde Ensenada hasta los confines de La Plata.

 

 “La sangre cascaruda no será vertida en vano” se leía en la puerta de cada departamento, justo arriba de la liquidación por expensas impagas que repetida e inútilmente fijaban en sus puertas los sufridos administradores de consorcios habitados por estos gladiadores del balompié.

 

No todo fue confraternidad en esos  años. En realidad, de confraternidad no hubo casi nada. La presencia en el equipo de una constelación de figuras generó lo inevitable: un vestuario que parecía copiado de una novela de Shakespeare.

 

Traiciones; acusaciones cruzadas; fraudes; despechos, intrigas y conspiraciones arteras constituyeron la dimensión trágica de esta saga. En esa hoguera de vanidades se derritieron muchas ambiciones, al mismo tiempo que se sucedían los éxitos deportivos, las luces de la fama creciente encandilaban a los protagonistas y  el desfile de damas tan bellas como codiciosas agregaba el componente lujurioso que  daría a los Cascarudos el aura legendaria que los envuelve desde entonces.

 

Los años que siguieron al último Subcampeonato parecieron correrlos tras el telón del ocaso. Hubo quienes pensaron seriamente que la espesa bruma del tiempo caía sobre sus logros como el pitazo final que marca la extinción de una especie y de una época. Pero se equivocaban.

 

Casi 20 años después de la despedida, haciendo honor al eterno coleóptero que les da su nombre, se demostraron a sí mismos que la especie sobrevivió a todo y que sigue viva.

 

Algún cruce casual, alguna llamada, las preguntas de siempre por el regreso pendiente. Partido refundacional en La Plata y triunfo. Asado, festejo y proyectos. Y desde entonces, a partir de 2008, la vuelta. Las giras por Neuquén, Villa Atuel, Malargüe, Chilecito, Mendoza capital, el debut internacional en Montevideo 2014 y, en medio de todo eso, el regreso triunfal a Junín que marcó la revolución táctica de la nueva etapa.

 

Y ya no hubo techo. La Asamblea Anual de diciembre resuelve un nuevo destino para el año siguiente. Y la voluntad de los Cascarudos es marchar hacia donde un partido y una mesa compartida los convoque. Por eso esta página.

 

Saludamos a todos los que, como los Cascarudos, tienen la pasión del fútbol, los caminos, los asados y el vino tinto. Aunque la especie se adapta a las gastronomías regionales e internacionales sin ningún tipo de problema.

 

Solo es cuestión de contactar al manager (bueno…..es una manera de decir), coordinar fecha, cancha y arrancamos. Los Cascarudos no cobran honorarios, pero agradecerán la reposición del átomo desinflamante y el aceite verde que requiera cada presentación.

 

Bienvenidos y allá vamos, no hacen falta más palabras, lo que sigue es mejor que cualquier discurso. Nos estamos viendo. Abrazo cascarudo para todos.

 

Arístides Halcón.

Semblanza