Confieso que la noche previa no dormí. Una mezcla de nervios, ansiedad, y el olor nauseabundo que venía del baño luego de ser visitado por HdV (recordar el locro nocturno del 21/06), mantuvieron mis ojos claros y mi nariz afinada hurgando largas horas en la oscuridad. La responsabilidad asumida, y el “final” que debía rendir al día siguiente, me susurraban interminables preguntas acerca de la mejor manera de encarar el día por venir: ¿arranco con un cojudo desayuno y almuerzo liviano? ¿o acaso esta decisión gastronómica sonará medio maraca? ¿Infundiré respeto? ¿Les pido que me traten de usted? La lluvia dorada 2011 estuvo buena, pero ¿les habrá parecido cara y ahora me van a pasar factura?

 

 El día “C” del nuevo DT. Chilecito, La Rioja. Junio de 2012

Todas estas cuestiones se daban en el plano global. Sin una puta respuesta, y sin solución de continuidad, automáticamente pasaba revista al terreno individual. Así, desfilaron en mi mente las 9 estrellas cascarudas, elaborando una rápida relación numérica entre edad, peso, altura, masa muscular y estado de conciencia de cada uno de los integrantes de la travesía de este año; me cambié el pijama, frío y mojado por un traicionero ataque de transpiración, aproveché que estaba frío y me lo puse un ratito en la frente para intentar bajarme la fiebre que los indescifrables pensamientos habían traído, y tomé la primera decisión importante para este evento: alentarlos incondicionalmente.

 

Esto logró relajarme, y pude dormitar un ratito. De repente, el “Hombre Aceituna” me miraba parado al pie de mi cama. Era como el muñeco de Michelin pero todo verde, y escupía carozos por la boca, mientras gesticulaba palabras indescifrables como “… hoy la boya fiero testicular…”; “… hoy la boya fiero testicular…”. –A esa cara la conozco, ¿quién sos?- le pregunto con los dientes castañeando y a punto de cagarme encima. “… hoy la boya fiero testicular…”; “… hoy la boya fiero testicular…”; “soy La Joya quiero ser titular…”. Y ahí me desperté, otra vez todo traspirado y con el corazón a punto de explotar. El subconsciente me jugó una mala pasada, pues enseguida recordé haber visto a La Joya en Samai Huasi devorando 3 frascos de aceitunas uno atrás del otro, mientras escupía carozos a diestra y siniestra, en una clara actitud de replantar olivares en la finca de Joaquín Víctor.

 

Intenté volver a dormir, pero recordé que en el viaje de ida sufrí presiones psicológicas por los integrantes del Farra-móvil, intentando parecer mejores ante mis ojos, menoscabando algunas características de los ocupantes del Mono-móvil, y de nuestro Marco Polo latinoamericano, único arquero. Haciéndome el boludo, escuché un montón de incoherencias: “ojalá que el Chelo lleve las manos”; “hay que apuntar a la gambeta corta de Pancho”; “no conviene que el Bicho agarre la manija en el medio, porque su mayor virtud siempre fue llevar la pelota pegada al pie, pero en la actualidad por algunos problemas abdominales no la puede ver…”; “el balance calórico de La Joya da resultados millonarios”; “el Tero se la come”; “los mellizos Monos están deprimidos”; y pelotudeces de ese estilo.

Yo, incólume, impertérrito, isquiotibial. Me resbalaban las palabras, pues si algo tenía claro, era la objetividad con que debía manejarme. Hasta me enojé un poco: “si el Tero se la come, es problema de él, carajo”.

 

Y me dormí otro ratito.

 

 

El primer rayo de sol iluminó el naranjo silvestre junto a mi ventana, e hirió levemente mis ojos, que intentaban abrirse no sin un tremendo arrugue de nariz. El canto de los pajaritos comenzó a despertarme, y terminó de hacerlo el kilombo que metían los negros que estaban haciendo un techo para los autos, frente a los otros deptos.

Como un resorte salté de la cama, me puse el pijamita de banlon con muñequeras y tobilleras ajustaditas, y encaré firme al comedor para preparar el desayuno de mis valientes. Mientras, pensaba las mejores frases, ensayaba la mejor postura, impostaba la voz para parecer el Coco Basile; pero la realidad es que las únicas frases que se me ocurrían eran de aliento, la postura no la encontraba, y con el pijamita parecía Chiaravino: un desastre. Pero rápidamente respiré hondo y recuperé la autoestima, en tanto avanzaba la preparación de la primera ingesta para los gladiadores que en cuestión de horas, iban a debatirse contra el crédito local sub-70.

 

En una acabada demostración de dotes gerenciales, organicé en forma veloz el desayuno grupal y la primera charla en el lobby de nuestro depto. A partir de ese momento, todo fue fútbol. El aire se espesó con tácticas y estrategias; un imaginario pizarrón dibujó la salida clara desde atrás, el transporte inteligente por el medio, y la definición exquisita en el arco contrario; cada ojo de los Cascarudos (los que estaban abiertos) eran una tango, una azteca, una jabulani, una 5 color naranja; las piernas se movían solas, y los pechos se inflaban a punto de estallar; desde el macizo andino bajaba un “vamo vamo los casca”, una música tan maravillosa como la que llevaba en sus oídos el General. La motivación estaba a punto caramelo; entonces, decidí jugarme a fondo: “Cascarudos, este es el equipo titular”.

Ahora el aire se cortaba con un cuchillo. La ansiedad de la concurrencia trepó a niveles insospechados. Un silencio casi infinito fue abruptamente asesinado por un eructo, que sirvió de intro a la sucesión de nombres y puestos.

Con la mejor voz de Louis Armstrong que conseguí, arranqué con un agradecimiento y la lista de buena fe.

Les agradezco la confianza que pusieron en mí. Yo sé que estoy en esta función por mis antecedentes, pero también estoy acá para tratar de pegar un giro de 180° a los desastrosos desempeños de mis antecesores. Y no quiero ni cuestionamientos a mi decisión acerca de la titularidad de cada puesto, ni que hoy se desanime aquel al que le toque ir al banco. Síganme, no los voy a defraudar.

Nada más importante para mi equipo, que los 3 palos bien asegurados. El tiempo y el esfuerzo en el trabajo me han llevado a inclinarme en favor del Chelo para que hoy cuide nuestra meta. Mañana quizás haga banco, pero hoy defiendo su titularidad con mi sangre. Y así como Robin Hood supo demostrar ser el mejor con el arco y las flechas, el Chelo nos ha mostrado siempre su sagacidad en el manejo de los caños, y una segura parada cuando las flechas adornaban sus pies. Pitoto vas al banco. Quiero una defensa dúctil, que se mueva en sintonía fina con el resto del dream team, que avance y retroceda en bloque como Néstor. Para lograr el equilibrio justo entre una salida limpia y una marca férrea, arrancamos con Pancho de marcador derecho, el Mono de marcador Central, y el Tero de marcador sobre el lateral izquierdo. Con Pancho tenemos la salida tranquila y el pase al pecho del compañero sobre su sector; el Tero, que está súper fino en los pases, nos lleva la seguridad de salir siempre con la pelota dominada hasta el medio; y con el Mono tenemos altura para contrarrestar los centros, y atención personalizada para algún 9 que muestre media gambeta. Guti, Coqui y Randy: conmigo al banco.

 

El medio parece difícil, pero vamos a hacerlo fácil. Tenemos que hilvanar la salida clara de la defensa con el pase gol; pero también tenemos que contrarrestar las bravas arremetidas que emprenda el juvenil rival a través del mediocampo. Para tal fin, creo que Elegar es el indicado para portar el número del Diego, y entregar su esfuerzo de creación y también de contención, o sea bajá y subí, hermano; el Bicho es el dueño del sector medio, un previsor de nuestro ataque y de la jugada del contrario, confío plenamente en tu olfato y hacé oídos sordos a los que dicen que te comiste la pelota; finalmente, completamos esta parte de la cancha con el Farra sobre la derecha, un especialista a la hora de poner el pase al pique de los delanteros, un tipo inteligente con la pelota, un volante inquebrantable: 1000 km sin un gestito de idea. Oscar Sandro, dejá de toser y acompañame al banco.

 

Es indudable que para ganar tenemos que hacer goles. He realizado una evaluación de nuestros delanteros desde todos los ángulos, excepto desde el punto de vista psicológico. La primera conclusión es que La Joya está habilitada para cargar con la responsabilidad de aguantar al defensor a sus espaldas; yo lo veo con el peso suficiente para tamaña empresa, sumado a que el consumo excesivo de aceitunas lo encuentra hoy como una especie de Boogie el aceitoso que le permitirá deslizarse entre los rivales. La segunda conclusión, es que contamos con una fuerza de choque envidiable, una bola de boliche que tumba palotes en cualquier superficie, un Rambo que brilló en los 80 y ahora alcanzó la madurez suficiente para…¡HdV la 9 es tuya! Gaspo y Pedro conmigo al banco.

 

Transpirado pero convencido, terminé la charla convocándolos al mediodía a un almuerzo frutal seguido de precalentamiento y estiramiento, a la sombra de los naranjos y olivares. Rápida desconcentración, dejando un tremendo kilombo en nuestro lobby (total siempre hay un pelotudo que lava y limpia), encarada colectiva de tronos para una eficaz alivianada corporal, despliegue de indumentarias, vendas, líquidos exóticos, y… aparece el Cascarudo en el patio, ya con las instrucciones precisas grabadas en el disco rígido, y dispuesto a la ingesta brevis y leve movimiento corporal.

 

Sacale las bananas a La Joya porque va a explotar de potasio. HdV, basta de naranjitas. Bueno, bueno, hacemos unos toquecitos con “la doctora” para familiarizarnos, vamos, nos movemos despacito, despacito; Bicho no piqués en frío; Mono no saltés tan alto que la caída es dura; Tero el pase es para este lado; Pancho menos altura al balón; Elegar dejá de sacar fotos y vení a calentar; Chelo agarrá alguna; Farra bajate del Citroen. Ahora estiramos los musculitos, vamos, vamos, eeeeeeeeeeso, bien; ahora sin doblar las rodillas, vamos. Joya basta de aceitunas; Bicho menos violentos los abdominales; Tero RCP al Mono. Listo. Ojo que ahí viene el Flaco R, lo impresionamos. Bueno, última incursión sanitaria y arrancamos para el Estadio. Me animo a decir que el Cascarudo nunca estuvo tan motivado, tan entero; nunca estuvo mejor.

 

Salimos en caravana rumbo a nuestro objetivo 2012. Acompaño en el auto al Flaco R, y detrás los 2 móviles cascarudos no nos pierden pisada. De repente la 1° sorpresa relacionada con el encuentro: en una FM local, el conductor del programa de turno (a la postre el arquero de los picantes), anuncia el esperado encuentro futbolístico de la fecha, incitando al radioescucha a concurrir al campo de juego; es indudable que causamos furor en cualquier coordenada geográfica.

 

Llegamos al lugar de la cita, y aparece la 2° sorpresa de la jornada: bandera de los locales dando la bienvenida a los Cáscarudos. Emoción violenta. En unión fraternal con el dueño de casa, acoplamos nuestra bandera a la de ellos, e inmortalizamos a la abuela Magdalena en aquellas latitudes montañosas. Enseguida profundizamos la puesta a punto con movimientos veloces, piques estrepitosos, ruidos de rodillas, acomodamientos de huevos, pedos y toses para limpiar el interior.

 

Hacen su ingreso los picantes, con unas vistosas camisetas de Arsenal de Sarandí. El 1° análisis global del contrincante arrojó un extraordinario optimismo al cuerpo técnico cascarudo. Se los veía más predispuestos al asado que a la gramilla. Fotos, charlas cortas y miradas largas. Se acerca el momento cero. Últimas inhalaciones de sustancias prohibidas e ingesta de precipitados abolidos por la Asamblea del Año XIII. Antes de comenzar el encuentro, quiero decirles que les agradezco la entrega, la dedicación, y la pasión que pusieron hasta acá. Se los quiero decir antes del partido, porque después no sé si van a estar en condiciones de entender lo que se les dice.

3, 2, 1, ¡¡¡Empezó el partidogoldeellos!!! ¡La reconcha de la lora! ¡Qué mierda hago en Chilecito! Mamááá! Entramos en el Guiness con el gol más rápido en contra. Tranquilos, muchachos. Nosotros siempre igual. Es decir, NO sigamos igual. O sí. ¿Todo bien Chelo? “Sí, esperaba el centro”. Bueno, tené paciencia, seguí esperando que ya va a llegar, y cuando llegue el centro date la vuelta del perro. Vamos, muchachos. La garra cascaruda es nuestra arma mortal 3. El equipo asimila muy bien el gol (el equipo de ellos), y luego de 10 minutos de jugar como Los Murciélagos (no veíamos la pelota), empezamos a pararnos mejor atrás; se afirmó el Mono (literalmente se afirmó al 55 de los picantes), logramos concatenar defensa-medio-delantera con una salida limpia por ambos laterales, Pancho se afianzó en el juego aéreo, un pase del Tero llegó a destino, Elegar se apatronó del medio juntándose con el Farra, el Bicho seguía protestando porque en Malargüe lo dejaron solo al medio, y HdV empezaba a confundir a la defensa rival.

Con tanto empuje, los Cascas lograron un tremendo empate cuyo autor fue la revelación por el nuevo puesto ocupado: el Tero. A partir de allí, la furia asesina de los visitantes volcó la cancha a su favor, hincándole el diente al rival en donde más le dolió: la juventud. Ese temible tiburón blanco que es nuestra delantera, empezó a carcomer una defensa que ya estaba confundida y ahora se venía abajo. Impresionante arremetida de HdV que culminó con un remate inatajable al ras del piso, para poner las cosas en su lugar: Cáscarudos 2 Picantes 1. El Chelo, que la tocó muy poco después del 0-1, seguía esperando el centro, y así se fue la primera etapa.

 

Todo parecía bajo control. Ellos estaban hechos mierda. Y nosotros remierda. Tranquilos, respiren, tomen agua, hola, holaaaa, no se me duerman. Volvamos rápido, caminando, no se arrastren que queda mal. Qué difícil esto de ser DT.

 

Arrancó el 2° tiempo, y la primera preocupación es un tirón que acusa Elegar. A la mierda con el bajá y subí. Un primer intento fue que el Bicho tomara la posta, pero el Bicho no podía tomar ni aire en ese momento, por lo que dejé que las cosas fluyeran naturalmente y el universo se alineara en Chilecito y nos diera una mano. Y nos fue para el orto. Jugada confusa cerca de nuestro arco, el Chelo repitiendo una vez más esa puta y extraña actitud de rascarse la espalda contra el suelo, pelota al medio del área chica, cabezazo del jugador más petiso de la cancha y adentro. 2 a 2. En ese momento el Cascarudo promedio era un gladiador del subdesarrollo, un guitarrero sin cuerdas, un relator gangoso; a la falta de aire y el principio de calambre general, se le sumaban los vestigios del locro de la noche anterior, el degradamiento del aceite verde que prendía fuego las piernas y nublaba la visión, y la posibilidad cada vez más cerca de concretarse de que el corazón se saliera del pecho. Esta situación se vió agravada por el ingreso de un joven valor para los locales, cuya prematura edad lograba bajar el promedio etáreo de los adversarios a 60 años. Los ataques locales llevaban peligro al arco cascarudo, el cual era muy bien defendido por nuestro arquero titular, siempre y cuando no anduviera por el suelo.

 

En determinado momento el Mono pidió la pelota al Chelo y salió expelido desde la zaga con pelota al pie, con toda la sensación de llegar sin paradas hasta la red contraria; al llegar al mediocampo, dio toda la impresión de quedarse sin nafta, el balón quedó bollando, la tomó el joven contrario, eliminó a varios cascarudos, y aprovechando que por enésima vez nuestro uno se rascaba la espalda contra el piso, entró al arco con pelota y todo. 3 a 2. La reputa madre que los reparió. Otra vez a remarla desde abajo. Se consumía el partido. La arquitectura táctica del equipo Cascarudo había perdido levemente su esquema inicial. La necesidad del empate pasó a ser una cuestión de estado. Cuando vi que teníamos un córner a favor y el match expiraba, ME LA REJUGUÉ A FONDO: “Chelo, andá vos también a buscar el gol”. Llega el córner, peina un defensa, le cae a Elegar, quien rápidamente se da cuenta que su pierna afectada por un tirón no podía concretar desde esa posición, y haciendo el amague de rematar para arrastrar defensores se la cede servida al Chelo para que solamente la empuje al gol, avisándole además que la cruce al 2° palo para asegurar; el Chelo cierra los ojos, le pega mitad a la tierra, mitad a la pelota, y una espectacular apertura de piernas de HdV logra confundir al arquero que no puede evitar que esa bocha al ras del piso se le cuele contra el caño izquierdo. 3 a 3. A cobrar. Los de Chilecito no lo pueden creer, pero el uno nuestro los vacunó, y se llevó la gloria, gracias a que por fin un DT le permitió ir al área contraria a buscar su gol. Sin ánimo de vanagloriarme, me felicito por la intuición que me iluminó y nos permitió el empate, que para nosotros fue una victoria.

 

 

Los Cáscarudos, en términos generales, bien. La negrura de las camisetas asimilaba una manada de panteras, casi siempre embravecidas.

 

Gracias por concretar dentro de la cancha los sueños de este novel DDT.

 

 

Los quiero.

 

Buááááááááá……!!!!

 

DDT