El Extraño Caso de Elvis Martinez

 

 

Estimados Cascarudos, luego del reporte anterior recibí justificadas advertencias por parte de algunos de los asistentes a la "Tratto III", respecto de la omisión incurrida sobre una cuestión que también fue abordada en aquella reunión. Quizá mi psiquis se autorresguardó pasando por alto esta circunstancia escalofriante pero, la verdad, no podemos dejar de compartirla con el resto del cascarudaje. De manera que, habiendo tomado el coraje necesario, paso a relatar de qué se trata. Antes que nada y para el público lector impresionable, recordamos que en envíos anteriores nos hemos ocupado de algunos sucesos paranormales protagonizados por miembros del CUJ. Lo acontecido ahora viene a ratificar el áurea extrasensorial que parece matizar la atmósfera cuasi esotérica en la que estos hechos están inmersos y se presentan a nuestro voluntarioso, pero corto, entendimiento terrenal.

 

Esto sucedió durante el trayecto La Plata/Buenos Aires del viernes 3/10, emprendido conjuntamente por el Eterno Delegado y el Mono, en vehículo de pertenencia y bajo la conducción del primero de los nombrados. Un clima inevitablemente festivo y chacoteril presidía la marcha, rumbo a la Trattoria del Tero. Las conversaciones transcurrían acerca de temas más o menos trascendentes. Entre los importantes, Darío describía las bondades del aloé vera para la curación de su lesión. Entre los intrascendentes, algún comentarios sobre los errores de Bush en el manejo de la crisis financiera de Wall Street. Todo alternado con algún chiste de grueso calibre sobre los videos ilustrativos que suele circular Darío, cuando muta de alma sensible que envía mensajes de reconciliación mundial en frenético cultor de material XXX plus. Hasta que en un momento, aún cuando conservó el dominio del volante, el Eterno Delegado pareció quedar con la mente en blanco y se transmutó.

 

La voz que fluía parecía, en principio, la suya, pero sonaba como "enviada" quién sabe desde dónde, y arrancó con la siguiente reflexión: "Mono, puedo decirte Mono no? en confianza". Esto le dió a Darío la pauta de que sucedía algo extraño. "Y si Bicho, cómo me vas a decir si no?" respondió el émulo de Vicente Viloni. También percibió un dejo de extrañeza de su interlocutor al ser llamado "Bicho", lo cual incrementó sus dudas sobre la identidad de quien estaba emitiendo el mensaje que vino después. Y entonces, ahora ya con un tono de voz más metálico-robotizado, el Eterno Delegado dijo: "Vos notaste que las lesiones tuya y del Tero se han producido exactamente 20 años después de que erraron los penales ante Rauch en la final? No solo eso, se han producido en el mismo orden en que fueron errados los penales: primero vos y después el Tero." El Mono se empezó a revolver intranquilo en el asiento del acompañante, mientras el vehículo seguía tranquilamente su marcha. Al frente aparecía el acceso a Quilmes. "Mi intuición me indica -prosiguió el Bicho- que, lejos de las primeras hipótesis tejidas sobre el estado de la cancha o la brutalidad de los rivales como causa de las mismas, la explicación es mucho más simple, pero también mucho más inquietante".

 

A esta altura Darío se aferraba nerviosamente a la botella de Ventus que iban a aportar a La Trattoria, como si se tratara de un amuleto contra alguna revelación terrible. "Está muy claro -dijo el Eterno Delegado- que estamos ante el maleficio de los 20 años. Acá no hubo factores futbolísticos, sino de otro orden. La falla de los penales está manifestando por fin sus consecuencias: estas lesiones son el primer castigo por aquello, y estén prevenidos para dentro de 20 años, porque todavía no se advierte cómo se concretará la nueva sanción para ese entonces, solo el signo de los tiempos lo dirá". En plena cuesta por sobre la entrada a Quilmes, el Mono había soltado el Ventus y ya iba adherido con las manos cual sopapas al techo del auto, literalmente suspendido sobre su asiento y con los ojos desorbitados. 

 

En medio de su aturdimiento, evaluó seriamente bajarse del auto, o incluso arrojarse del mismo. Después de todo, algunos lanzamientos suyos hacia ocasionales rivales no diferían demasiado del impacto que podía llegar a tener si se tiraba del auto a 120 km/h. "No es muy distinto que cuando lo emboqué al cinco de Coronel Pringles", pensó. Pero en un rapto de claridad mental enhebró una lúcida reflexión: "Justo estamos frente al acceso a Quilmes. Si me tiro acá, el único acceso es el que me van a hacer los moradores del conglomerado que está al pie de la autopista. Y encima con las hemorroides que traigo.....voy a quedar culo pa´ arriba mirando a la Isla Martín García, mejor sigo". Así, aún bajo el estado de pánico que le producía el relato escuchado, se mantuvo en el auto. Lo alucinante de la situación había sido no solo la admonición amenazante del Eterno Delegado, sino, quizá más grave todavía, la transmutación del célebre hombre de ciencia como históricamente se ha conocido al Bicho, devenido en un discípulo de Horangel. 

 

Lo que carcomía el sufrido espíritu del Mono era cómo pudo extraviarse el rigor del método científico, la disciplina de laboratorio de toda una vida,  para convertirse en pronósticos al más puro estilo Blanca Curi. Qué había sucedido? ¿Era acaso el que le había hablado el mismo que conocimos como el discípulo preferido de Bernardo Houssay? ¿Tantos años de investigación  para terminar concluyendo que la astrología ofrece más certezas que el proceso de pudrición de la frutilla? Luego de aquellas palabras sobrevino un silencio inquietante, donde el conductor pareció no percatarse de que el Mono seguía pegado al techo del cagazo. Un estado de ausencia pareció seguir al de trance bajo el cual había formulado sus pronósticos. Recién al llegar a la barrera de Dock Sud el Eterno Delegado pareció retomar la normalidad. "Mono, tenés 1,90 para el peaje?", le dijo, confirmando que la necesidad de moneda es la vía más directa para volver a la realidad. "Se volvió astrólogo pero no boludo", pensó el Mono.  "Che, dicen que el Tero está haciendo unas salsas espectaculares" agregó el Bicho. Ahí Darío se sintió más seguro y descendió al asiento. Volvió a aferrarse al tubo de Ventus pensando "no me dejes ahora, hermano".  Pero a partir de entonces la charla volvió a sus carriles originales, no más esoterismo ni comentarios de ultratumba. Así que, cuando estábamos en pleno almuerzo de la Trattoria, Darío sacó el tema. Incluso el Eterno Delegado, en estado aparentemente normal, participó del debate. Hubo varias opiniones y al Tero tampoco le gustaron un carajo los pronósticos vertidos en el viaje.

 

Luego de sesudos aportes de los comensales, que promediando la segunda botella de Ventus ya podíamos opinar de eso, de la caída de Lehmann Brothers o de la evolución del carácter de Riquelme, la conclusión fue que estamos ante un caso de desdoblamiento de personalidad. Efectivamente, todos los signos apuntan a demostrar que, luego de un largo período de vida regido por el método científico, el Eterno Delegado puede verse bruscamente "abducido" por irrupciones de su versión más contrastante. Es decir que estamos ante "el bis" de Martínez. En un alarde de ingenio y para darle un poco de glamour rockero a este nuevo e inquietante personaje, la mesa lo bautizó como Elbis Martínez. De manera que, en adelante, nos podemos encontrar con dos interlocutores posibles: Bicho y Elbis. Estén atentos si reciben algún pronóstico impactante, o simplemente ven anunciado en Crónica TV "El calendario 2009 con los anticipos de Elbis". Sale en diciembre con el de Aschira. 

 

Cascarudos, sabemos que vuestra sensibilidad puede verse afectada por esta clase de noticias. Pero hay que afrontarlas, como en su momento el 0-4 frente a Chacabuco. Esperemos que estos signos inquietantes no se repitan, pero ya saben, si reciben un mail de Elbis Martínez, pueden acudir a él con un "Elbis, qué me deparará el destino?". A lo cual Elbis Martínez, con aire grave, responderá: "Puedo ver que que, a cierta altura de tu vida, no solo ya no  deparará sino que tampoco se parará. Para ese entonces, más que al astrólogo recurrirás a la industria farmacéutica. Ve en paz, hijo, y déjame 100 manguitos enrollados dentro de la pipeta que está sobre la mesita que ves en la entrada". Porque Elbis Martínez, como una lejana reminiscencia de su opuesto, en vez de guardar la recaudación en un alcancía la guarda en una pipeta. Por eso, para superar el desasosiego que este desorden conductual nos produce, el próximo viernes se realizará "La Tratto IV" y atenti que viene con salsa recomendada por el Coco.Pancho