El fragor de la lucha no baja nunca. Con viento a favor, los cascarudos van por el triunfo contra el área uruguaya. Sin embargo, el contragolpe oriental es una amenaza latente. Palo y palo. El árbitro pide el final. Pero antes no faltó una profunda exploración de la flora platense. Embalado en una disputa sobre el barroso lateral derecho, Patrulla pierde estabilidad y se hunde en el ligustro contiguo a la línea lateral. Siente que no termina nunca de caer en un insondable pozo tropical verde, hasta que rebota en el alambrado y vuelve a caer sobre la línea. Con la mayor naturalidad posible, hace el saque de banda mientras desde el arco el Chelo grita: “Patru, el que se cagaba de risa no era yo”.

 

Silbato final. Tregua. Ducha. Lomitos. Discursos. Obsequios. Promesa de reencuentro en el Mundialito de Malargue. Y la frase oriental que resume el encuentro: “fuimos muy bien atendidos, dentro y fuera de la cancha”.

 

Alguien se aparta del montón empuñando su cerveza. Se sienta en la empalizada y se frota la canilla derecha, cruzada en algún ríspido intercambio de suelas. Toma un trago mientras se arma el círculo a su alrededor. Guarda el fibrón en la campera y se cuelga los botines en el hombro izquierdo. Está entero y tranquilo. El Agrimensor sabe que cumplió. Fue audaz y práctico desde afuera. Lideró desde adentro cuando hizo falta. Podrá ganar o perder, pero jamás será aguantando en la línea del área chica. Eso se acabó y no volverá a pasar. Espíritu guerrero más fútbol, ese es su mensaje. Sabe que llegó. Y va por su ratificación. La merece.

 

Abrazo cascarudo para todos.

LOS GUERREROS DEL AGRIMENSOR

 

“Quiero mi oportunidad”. Así de directo, tan determinado como cuando le metía la primera plancha al cinco rival a modo de presentación a los tres minutos de partido, el Ligerito (ver www.cascarudos.com, sección “about”) pidió dirigir al equipo contra los uruguayos.

 

La verdad que candidatos no sobraban y se trataba de la revancha del 2 a 2 en Montevideo contra los durísimos orientales del Scotiabank. Con su típica generosidad grupal, el plantel razonó muy velozmente: “que agarre el fierro caliente y se queme solo. Y si sale bien, ganamos todos”. El vestuario cascarudo en su mejor expresión de confraternidad futbolera.

 

Así que luego de algún breve rosqueo por mensaje privado, los votos afirmativos se sucedieron cual catarata de consenso derramado a modo bautismal sobre el ahora nuevo DT. Solo puso una condición: “me estoy jugando la interna en el Colegio Profesional, así que en adelante para ustedes soy EL AGRIMENSOR. Lo de Ligerito se terminó”.

 

Las sorpresas no tardaron en llegar: primero, curso motivacional para todo el equipo vía wapp. “Las cosas se consiguen solo con esfuerzo” arengó, y como muestra exhibía su título trabajosamente obtenido como Licenciado en Musicoterapia.

 

“Pero yo tengo a los mejores guerreros del Mercosur, que son ustedes “. El plantel asistía atónito a este cambio copernicano en el trabajo psicoterapéutico de la dirección técnica. Así pasamos de ser “Una película de terror, solo falta Boris Karloff” de la escuela ultra escéptica  quevediana, a  “Los Guerreros del Agrimensor”,  algo así como la reencarnación del Jedi con algunos kilos de más y tapones altos.

 

Y finalmente llegó el 28N. El técnico se presentó al plantel con el clásico pizarrón y  fibrón azul. El cuerpo técnico se completaba, por primera vez, con un PF para el calentamiento previo, un fotógrafo y un juez de línea. El primero era el personal trainer del técnico, y los dos últimos sus hijos. Pero nadie habló de nepotismo, por las dudas.

 

La mayor sorpresa vino después, al abordar el esquema táctico. Cuando explicó el doble cinco compuesto por Ricky y Patrulla, a desenvolverse sobre el eje longitudinal de la cancha, en sentido convergente sobre tres cuartos para mantener la presión alta, el Titi reflexionó: “debe ser porque los uruguayos son hipertensos”.

La cancha se presentaba inmejorable. Piso semiblando, 23 grados, camiseta nueva, escenario ideal. El problema fue cuando comenzó el partido. De la revolución predicada por el DT, no aparecía ni el relato. El Guti se pisaba con Richard. Patrulla deambulaba en tres cuartos como si estuviera conociendo un shopping, porque nunca había estado por ahí. El Bicho le gritaba a Elegar, que se puteaba con el Gaspo. El Coco le aplicaba el cortito en la nuca al 9 de ellos, peligrosísimo. El Tero miraba el banco y preguntaba “está saliendo bastante bien, no?”. En el banco, el Tío Mario y el HDV no podían seguir sufriendo de lo que estaban viendo y se fueron a patear a la cancha de al lado. Mientras tanto, con mucha sencillez, los uruguayos metían la pelota larga y en una de esas el 9 finalmente se fue al gol y definió impecablemente por arriba de la salida del Chelo, a esa altura figura de lo que estaba sacando en el arco cascarudo..

Así y todo, el cascarudaje le había puesto voluntad y pocos minutos antes de quedar 0-1 estuvo a punto de abrir el marcador mediante jugada bien hilvanada definida por tiro de Elegar que arañó el palo derecho del arco rival. Si esa entraba, la historia de la revolución táctica predicada por el DT hubiese sido otra.

 

Pero hubo un líder que no perdió el eje y supo cambiar a tiempo. Ese fue el DT. Metió tres cambios. Rearmó el esquema y emparejó el partido. Es cierto que faltaba llegada, pero cuando terminó el primer tiempo la sensación era de haber recuperado la paridad en la cancha, aunque fieles a su cultura del sufrimiento, para emparejar el resultado habría que esperar bastante más.

 

En el segundo tiempo, el DT va más allá. Salta a la cancha a poco de iniciado el juego. En tándem con el Tío Mario, también recién ingresado, aplican dos suelazos en cinco minutos que calientan el partido. Y como los uruguayos no son precisamente de quedarse mirando como los sacuden gratis, empezaron a devolver una por una. Cómo se puso el partido. Se vino la clásica batalla rioplatense de hacha y tiza. Patadas, simulaciones, quejas, penal protestado de un lado, gol mal anulado del otro, reclamos desde los bancos y el árbitro que en un momento le dice al fotógrafo: “hubiese preferido que me toque un Estudiantes-Gimnasia”.

 

Pero el Agrimensor marca el rumbo cascarudo hacia el empate. Meter y meter hasta el final, también desplegando fútbol. Y la consigna embanderada por el DT tiene su premio. Jugada por la derecha, balón al corazón del área uruguaya y el HDV, con una sutileza nunca vista antes, la toca sobre el cuerpo del arquero. 1 A 1. Un minuto después, para que nadie piense que su estilo había cambiado, se pasa de largo hacia la empalizada tras la línea de fondo y aterriza espectacularmente. El Bicho se da vuelta y dice: “ahora me quedo tranquilo”.