Semblanaza Cascaruda

 

 

 

Estimado lector, no vamos a engañarlo, es intención de este comité editorial que al abandonar nuestra página quede repicando en su conciencia una única, insistente y precisa pregunta: ¿Qué es un Cascarudo? ¿Es un líder espiritual? ¿Un adolescente tardío en crisis de identidad? ¿Es un viajero sin GPS? ¿Un sex symbol?  

¿Es un discapacitado físico? ¿Un discapacitado mental? ¿Un discapacitado físico junto con un discapacitado mental? ¿O sólo el integrante de una escuadra de fútbol?

Si nos atenemos en una definición unívoca, los argumentos seguramente van a sonar sesgados y caprichosos.  Sin embargo, hay elementos bastante claros en los que coincide la Academia y que definen el accionar y el pensamiento de este ser cautivante, en crecimiento, evolución y cambio continuos.

En primer lugar es necesario decir que el Cascarudo no es un ser que juega, sino que  jugaba al fútbol. Cualquier argumento que salga de su boca, la presentación de fotografías, videos, mails o tickets de peaje intentando probar lo contrario, o son una alucinación producto del exceso de alcohol en sangre, o de abundancia de marihuana en los brownies que consume a diario.

 

Con el tiempo y la experiencia, el Cascarudo ha ido madurando un concepto que se ha transformado en el norte de su accionar: perder es sexy. En su extensa campaña futbolística es por eso que casi no hay triunfos. Con asombroso poder de observación este ser distinto ha descubierto que volver derrotado al hogar hace que su pareja (su chica, esposa, oveja, bulldog enano, o lo que sea con quien cohabite) primero se colme de compasión, luego se enternezca y finalmente vea encendido el deseo de apareamiento, cosa que evita la discusión y mejora ostensiblemente la vida de pareja.

“Ganar, ganar, por qué esa obsesión con ganar” –se plantea. Y aquí, como el filósofo en el ágora ateniense, el Cascarudo lanza una pregunta que inquieta: ¿qué es el éxito? Materia lábil, caprichosa, escandalosamente voluble, si las hay. “A los tres años –argumenta- el éxito es no mearse encima, a los veinticinco cómo hacer para dejar de echarse polvos, a los sesenta como lograr echarse un polvo y a los ochenta y cinco no mearse encima nuevamente”.

Cuando un Cascarudo encuentra a otro lo abraza y le da un beso en la mejilla, para comentar, acto seguido, que la calle está llena de trolos. El Cascarudo es eso: un ser cambiante, contradictorio, soñador, mal-hablado, ácido, afectuoso, que hace culto de cosas que quizás ya no existen. Es el héroe principal de las batallas perdidas de antemano.

Los cambios de cubiertas, las rectificaciones de motor, las abolladuras y las torceduras de chasis claramente han destrozado su escaso futbol, pero a diferencia del parque automotor con los años el Cascarudo ha subido su valor de mercado, y si hoy no cotiza en bolsa es porque su valor es incalculable.

El Cascarudo es conservador en el amor, ama y teme a su esposa, se plantea con lucidez: “alguien que una vez al mes sangra durante cinco días seguidos y no se muere, es alguien de cuidado”. Además, sufre con los fracasos en el matrimonio y de ninguna forma podría rehacer su vida en una familia ensamblada.  “Si nunca pudimos ensamblar un 4-3-3 decente en la cancha -se dice- ni en pedo voy a lograrlo con una familia”.

¿Con el paso del tiempo el Cascarudo pudo haberse aputozado? La respuesta es sí. Cuando en las décadas de los 80’ y los 90’ comía polenta, tomaba vino de damajuana y sólo lograba orgasmos con el sonido de las tibias y los fémures de los delanteros rivales al momento de quebrarse; hoy hace gimnasia de bajo impacto, se saca selfies, hace reiki y consume leche de alpiste.

El Cascarudo no está lejos del retiro y conforme a su carácter reservado no pretende fiestas ni partidos despedida. Sólo reclama como un acto de humanidad que lo instalen en la Casa de Retiro Cascaruda, que ya se halla en etapa de construcción avanzada en un lugar secreto del territorio bonaerense y cuenta con quincho, salón de fiestas, barra libre, enfermeras de veinte años, asado, tiramisú y vino tinto sin límite. Y donde –lógicamente- sólo se admitirán a otros Cascarudos.

Para finalizar, querido lector, usted seguramente ha visto los rostros de las fotos de este blog, si llega a cruzarse con alguno de estos seres especiales por la calle y observa el aire soñador, la mirada reconcentrada, ajena al entorno, no llame al 911, no lo reporte al Ministerio de Salud, ese hombre está trabajando, está planeando un nuevo encuentro con sus pares para solucionar conflictos, establecer pautas de convivencia e implantar las bases de un mundo más justo, más libre y soberano.

 

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