Junin 23 de Febrero de 2013. Hermanos cascarudos, estas Pascuas son una buena ocasión para, con el mayor de los respetos, evocar también y modestamente la resurrección futbolística del CUJ, ocurrida el 23/2/2013.  Felicidades, el fútbol casca está en orden.

                                                                                                                      

 

Ese sábado el Bichomóvil aparcó en la puerta de casa bien temprano. El Sr. Gobernador, extrañamente sentado en el asiento del acompañante, se bajó del auto y mientras se sacaba la campera de cuero negra que usa en todas sus actividades no oficiales me dijo: "no bajé 15 kilos para seguir escondiéndome de los militantes en el asiento trasero. El cinturón de seguridad ya no es la cincha sobre el abdomen que supo ser, así que vas a viajar atrás. Arreglate con el mate". La stopper presenciaba la escena desde la ventana y pude imaginarme el reproche a la vuelta: "sos el chofer oficial y así te pagan". Pero eso quedó para después, ahora urgía la partida. Acaté las instrucciones, me senté y empecé  a sacar el termo mientras mi cabeza rebotaba contra el respaldo del asiento del ED, que había tomado con cierta premura la primera loma de burro que le tocó pasar a una cuadra de casa. Camino a Buenos Aires y antes de que el Chelo y el Titi suban en la ya emblemática Shell de Independencia y Lima, se hizo una apuesta: cuánto tarda Cirilo en empezar a hablar de su condición de figura en el partido de Chilecito. La conclusión fue que nunca antes de llegar a Luján. Grave error. No habíamos pasado el peaje de Ituzaingó cuando el Chelo dice, así como al pasar: "....porque me acuerdo bien que en Chilecito, cuando fui la figura del equipo, lo salvé con ese gol en la última jugada en la que abrí bien el pie derecho y le entré con cara interna..." y no sigo porque me parece que el relato ya lo han escuchado algunas veces. 

 

Una vez que el Titi despliega las medialunas y el mate empieza a circular, la unidad móvil se transforma en una especie de Mesa de los Galanes itinerante, que tanto debate sobre economía, el romance del Kun y la Princesita, el calentamiento global, la difícil relación en esta etapa con las inferiores. Un CUJ auténtico, interdisciplinario y con un rigor científico envidiable. A mitad de camino llega un extenso mensaje del Tero, que había viajado un día antes para evitar fumarse la repetición del relato de Cirilo contando su gol. Decía así: "la puta, llueve". Contundente. El meteoro climático y la certeza de que Sarmiento-Instituto se juega a las 18 hs. motiva febriles negociaciones entre los organizadores. No hay acuerdo inmediato porque los sponsors del Parador Sedal de Punta Lara habían puesto mucha guita y no estaban dispuestos a que los sacaran del prime time. Finalmente, el partido queda fijado para las 15 hs. Pero eso implica alterar radicalmente el programa del CUJ. Con el nuevo horario en lugar de las 17 hs., ya no habría tiempo para siesta, elongación, ingesta de 200 gr. de banana por jugador, lectura grupal de Jorge Bucay y arenga del DT. Ahora todo era llegar, vestirse, charla técnica de 3 minutos y a la cancha. Si nunca fue fácil para el CUJ, tampoco lo sería ahora. El Tero actúa como una especie de estación terrena de Balcarce monitoreando la evolución de la tormenta. El ED maniobra audazmente en el tramo final Chacabuco/Junín para limar centésimas que serán segundos ganados para la preparación del encuentro.

 

El Mono saca un espejo de la mochila,  se mira y dice: "tengo un aire a Rodrigo Palacio". Cirilo les da instrucciones a los colombianos: "les dije que no me usen el auto cuando no estoy, manga de turros". Por mi parte, guardo el termo justo cuando el ED agarra el serrucho previo a un paso a nivel. Vuelvo a rebotar contra el respaldo del asiento delantero. Advierto que la tensión reinante no ha hecho mella en el Titi, que duerme plácidamente luego de su 5ta medialuna. Arribados a Junín, la casa del Chelo funciona como improvisado consultorio médico para la aplicación de la farmacopea casca. Y partimos rumbo al predio de la Sociedad Italiana para encontrar al resto del plantel. Ahí sucede el primer impacto de la tarde. El ED, que ya había dado muestras de audacia conductiva al mejor estilo de Starsky manejando el Chevy de "Los aventureros", se pasa de largo la entrada a la cancha y pega una frenada al mismo tiempo que agarra flor de pozo que pone al vehículo como un potro endemoniado, mientras el que viene atrás logra frenar a duras penas para no estrellarse contra nuestro móvil y, cuando el Bicho dobla, pasa puteándolo hasta en un antiquísimo dialecto de Agustín Roca al que se creía extinguido en el siglo XVII.

 

En la puerta del estadio, el DT se agarra la cabeza, seguramente preocupado por nuestra integridad. Pero al bajar nos dice: "manga de pelotudos, si pasaba algo la cagada es que no tengo suplentes, ustedes me importan un carajo". Y cuando aún no superábamos el susto,  sin solución de continuidad, llega el segundo impacto, otra vez protagonizado por el Bicho. Sucede que, cuando se cambia para entrar al field, aparece con un pantalón verde furioso de los Boston Celtics, pero del talle de los que usaba Shaquille O´Neal. Elegar me aparta con un gesto sombrío y me dice: "Pancho, qué le pasa al Bicho?" "Sabe que vinimos a jugar al fútbol, no?" Cuando lo ve, el DT simplemente baja la vista para no sufrir la agresión estética emanada de esa especie de pescador, demasiado largo para bermuda, demasiado corto para jogging. El Coqui reflexiona amargamente en voz baja: "desde que se dejó la barba, me imaginé que le empezó a pegar al faso". El Tero, completamente desorientado, le comenta a Darío: "si sabía que había función de circo me traía la silla, como cuando iba a ver a Papelito".

 

El Mono no puede dar crédito a lo que ven sus ojos. Y afectuosamente le dice: "Bicho, no podés ser tan HDP, parecés Fido Dido, el de la propaganda de Seven Up". Visto el tenor de otros comentarios, preferimos no reproducirlos por respeto al lenguaje. Pero a partir de esa tarde, el ED y/o el Bicho se habrá ganado un nuevo apodo con que lo bautiza el Tero: "Hippie Jimmy", como el de Titanes en el Ring pero barbudo y fumado como el hippie de Capusotto. Luego de estos accidentados prolegómenos, llega un momento crucial. En las redes sociales habían circulado algunos rumores en los días previos sobre un posible golpe táctico del DT. Pero lo que sucedió superó todo lo esperado. Ricardo se planta frente al equipo y dice: "muchachos, acá tenemos varios cascarudos que han pedido oportunidades y creo que las merecen. No me voy a aferrar a esquemas que pudieron servir hace 20 años pero que hoy necesitan actualizarse. No hay que confundir cambio con desorden. Pero tampoco hay que confundir estabilidad con inmovilismo. Cuidado con que las fotos del pasado terminen convirtiéndonos en una caricatura del presente. Vamos a formar así: Cirilo, Bicho-Coqui-Tero; Farra, Pancho (sí, escucharon bien, Pancho) y Elegar; Titi y el Mono (sí, escucharon bien, el Mono). Silencio. Ese silencio donde la fe pulsea ferozmente con el escepticismo. 

 

Cuando voy a tomar posición, casi les doy la mano a Elegar y al Farra como presentándome, tal era lo novedoso de la imagen. Elegar, apenas esbozando cierta curiosidad, me dice: "así que vos jugás acá Pancho?". "Sí Egardo", le dije y no agregué más. Las palabras sobraban, era el tiempo de los hechos. Y empezó el partido. Ellos tienen una defensa donde destaca Omar M, pero que resulta lenta frente a la velocidad punzante del Mono, a quién cierto murmullo tribunero rebautiza a los pocos minutos de iniciado el partido como "El Ligerito". Y el CUJ empieza a engranar como esas maquinarias nuevas, cuyas piezas parecen ubicadas cada una en el lugar justo. Atrás, la solidez está asegurada pero además con salida fluida por las puntas. Al medio, el Farra y Elegar acompañan en la contención pero fundamentalmente generan fútbol  y funcionan tanto como internos como carrileros, alimentando los continuos e imparables piques del Mono como el pase para la posición de pivot del Titi, que recibe y habilita como también persigue defensores y entorpece el armado de ellos.

 

Por mi parte, después de pasar veinte años entre esos auténticos barrotes que fueron la línea de fondo y la línea lateral, los 360 grados del centro de la cancha me sientan fenómeno. Patrullando a lo ancho empiezo a capturar balones. Corte y al Farra. Corte y a Elegar. Si hace falta, salida hacia los laterales con el Tero y el Bicho. Hasta me animo y le tiro algún pase largo a Darío, que cuando vuelve sonríe como si me dijera: "costó pero acá estamos Panchito, dale nomás que vas bien".

 

Y es en ese momento cuando pienso lo que habrá sido para el Mono, durante tanto tiempo, sobrellevar esos momentos en que, después de algún esforzado quite en el medio quedaba perfilado hacia la derecha y me tenía a mí como opción de pase. Cuántas veces lo ví insinuar un gesto como diciendo: "si se la doy a éste no vamos a construir nada", pisar la pelota y salir hacia la otra punta buscando mejores alternativas. No era mi caso, porque con el ED y el Tero por los costados, más el pase atrás y despeje expeditivo y/o pase profundo del Coco, o la lateralización con los carrileros, a mi me sobran opciones para destinar la pelota.

 

Y entonces resulta que me voy asentando y con los gritos del Coco desde el fondo puedo conservar la ubicación y el orden. Y el equipo empieza a progresar sin un solo pelotazo, a base de triangulaciones que hacen subir el fútbol cascarudo desde el fondo hacia el arco de enfrente como suben las burbujas del champagne desde la base hasta el borde de la copa. Y llega el primero. Triangulación por la izquierda, centro perfecto de Elegar y Darío aplica un cabezazo combado que toma a contrapierna al arquero. Cuando llega a la mitad de la cancha dice: "es que repasé el video del gol de Sarmiento contra Gimnasia".

 

Después de la apertura, el CUJ despliega un fútbol que le hace decir a Cirilo desde el arco: "nunca vi a los cascarudos jugando así", mientras Ricardo se frota las manos al borde de la línea de cal y al Hijo del Viento  hay que contenerlo para que no se lance a la cancha. Bien plantado atrás,  antes del final del primer tiempo el CUJ pega tres veces más. Otro de Darío y dos del Farra, que con 6 kilos menos muestra una asombrosa recuperación de manejo, precisión, despliegue y llegada con gol.

 

Cuando ellos llegan al área nuestra, lo hacen ya desacomodados y vuelve a funcionar el embudo casca, con el Bicho y el Tero mordiendo por las puntas y el Coco como último recurso para, inclusive, revolear  algún muñeco con pretensiones de gol pero sin foul, aunque alejando prolijamente pelota y jugador más allá de la medialuna. Como moño, el Tero estrella un tiro en el segundo palo ante el desconcierto rival, que no atina a leer ese fútbol con circulación, cambio de frente, llegada y remate franco. Termina el primer tiempo 4 a 0.

 

En el segundo tiempo Ricardo entra con ellos y el HDV se suma a la delantera cascaruda, poniendo ese inconfundible diálogo a las puteadas con el Mono mientras topa y derriba adversarios y ayuda en la recuperación. La entrada de Ricardo equilibra el medio para ellos, así que el Titi se me suma  en el círculo central para colaborar. Dentro de un trámite más parejo ellos generan unas pocas situaciones que son finalmente frustradas por Cirilo, quien dice al final: "hoy me sentí arquero de equipo grande, me requirieron pocas veces y saqué un par de pelotas claves".

 

Ellos descuentan y, después de una jugada infrecuentemente audaz del Coqui, que quiso salir a lo Juan Simón desde el fondo, ponen el 4 a 2.  No advierten que, lejos de alguna chance, es el CUJ que les da una esperanza para después asestarles el mazazo final. Pelota sucia en el medio, salida rápida nuestra para HDV y Carlitos, con su clásico slalom en velocidad saca un tiro rasante que se clava en el primer palo. Se acabó.

Los minutos que restan tienen la intrascendencia de un resultado ya puesto, con el CUJ retomando el control del juego y Darío que no para de picar y aguantar la pelota en campo contrario. Final.

 

Cuando el plantel se reúne al borde de la cancha, los rostros de satisfacción lo dicen todo. Y el técnico agrega: "tengo dos noticias. La buena es que encontré el equipo. La mala es que estoy afuera". Más allá de los nombres, apareció un formato, una idea que no resigna la solidez defensiva pero busca optimizar la circulación para llegar por abajo. Y los 40 kilos menos que había en el plantel se hicieron notar en el despliegue.

Vienen nuevos desafíos para ratificar esta mejora. Pero, a veinticinco años de su armado y con sus integrantes al filo de los 50, los cascarudos demuestran que el CUJ siempre se reinventa. La memoria cascaruda nunca olvidará el Parrales de Chilecito y el Bragagnolo en damajuana. Sabemos perfectamente de dónde venimos. Pero  a esta altura de la vida no está nada mal permitirse un champagne de vez en cuando, y si es jugando al fútbol mejor.

 

 

23 de febrero de 2013. Día de la resurrección futbolística de los Cascarudos.  Salud!